Sígueme
- CDA Lares

- 3 mar
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No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree, del judío primeramente y también del griego- Romanos 1:16 (RVR-95)
El evangelio es poder de Dios, poder que cambia las vidas. Hace cosas maravillosas en los corazones de aquellos que se disponen a ser Sus discípulos. El que llega a Dios con un corazón de discípulo va a ser realmente transformado. Ir a la iglesia o decir "soy cristiano', no es ser un discípulo. Ser discípulo es mucho más que eso, significa seguir al maestro y crecer en Cristo. Cuando hablamos de un discípulo, es aquella persona que aprende, sigue y difunde las enseñanzas y doctrinas que ha recibido. Es aquél que responde al llamado de Jesús, lo sigue, se prepara, aprende y da fruto enseñando a otros lo aprendido.
Cuando Jesús nos invita a seguirlo, implica dejar atrás la duda. Movernos del lugar donde estamos y buscar conocer más a Jesús y relacionarnos con Él. Pues Él nos invita a evangelizar y a tener una relación personal con él.
En Juan 1:43 vemos cuando Jesús llama a Felipe a seguirle: "El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme." Jesús le hace un llamado directo y personal “Sígueme”. Jesús encontró a Felipe. Y Felipe decide seguir a Jesús y deja todo atrás. Felipe nos enseña una gran lección: Tenemos que poner a Jesús en primer lugar, en el centro de nuestras vidas, eso es lo que se nos exige como cristianos. Debemos dejar el pasado atrás, perdonarnos a nosotros mismos como Dios nos perdona cuando nuestro arrepentimiento es de corazón. Rechazar todo aquello que nos aleja de Cristo. Y comenzar a buscar lo que nos acerca más a Él y que, de igual manera, también acerque más a otros a Cristo. Seguirlo con un corazón dispuesto.
Cuando Jesús nos dice "sígueme", debemos entender que como hijos de Dios tenemos que seguir los pasos del Señor. Lo que realmente hará un cambio en nuestras vidas es la capacidad de aprender y seguir de cerca al maestro: Jesucristo. Un verdadero discípulo tiene un corazón de aprendiz, tiene la capacidad de escuchar la corrección y decir "Maestro ¿qué hice mal?"; y cambiar para bien. Tenemos que vivir correctamente aunque nadie nos esté viendo. Porque sabemos que Dios todo lo ve y vivimos para agradar a Dios, no a la gente. Recuerda que Jesús no impone tareas pesadas. Él mira el corazón, nos invita a seguirlo y a estar con Él. Hoy respondamos al llamado de Jesús. Procuremos crecer en Jesús, ser como É y hacer lo que É hizo. El discipulado no comienza con perfección, comienza con la disposición de aceptar la invitación a seguirlo para ver todas las maravillas que hace.
Verdad de la Semana:
Responde al llamado.
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