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La queja 

  • Foto del escritor: CDA Lares
    CDA Lares
  • 8 jul
  • 2 Min. de lectura
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Hay muchas cosas que nos llenan de toxicidad; desde alimentación, cosas que vemos, que escuchamos, e incluso otras personas. Esto no sólo nos afecta en lo físico, sino también en lo espiritual. Y hoy me quiero enfocar en la queja. La queja viene cuando nos olvidamos de lo que tenemos y nos enfocamos en algo que no tenemos o no ha sucedido. Es tan peligrosa, porque dejamos de ser agradecidos y de apreciar las bendiciones que nos ha regalado Dios. También es contagiosa, pues si los que están a tu alrededor se quejan es más fácil escucharlos y unirse que deteenerlos y presentarles esperanza. Esto poco a poco nos aleja de Dios. 


Un ejemplo de esto fue cuando el pueblo de Israel en el desierto comenzó a quejarse porque tenían hambre, pero estaban cansados del Maná y querían carne. (Éxodo 16:2-15 y Números 11:4-6) Se olvidaron de todo lo que Dios ya había hecho. De los grandes milagros, de su cuidado, de su provisión diaria y no le estaban dando agradecimiento ni alabanzas. Esto es algo que no le agrada a Dios. Quejarse es dejar de confiar que Dios está en control.  Los que son padres pueden entender un poco más esto. Pues, ¿a quién le gusta que sus hijos se quejen de lo que le dan a diario y que no sean agradecidos? Creo que a ningún padre que con todo su amor da cada día, provee y cuida le gusta que su hijo responda con quejas. Igualmente a Dios no le agrada que nosotros sus hijos nos quejemos cuando Él a diario nos cuida, nos bendice y nos provee. 


Una persona muy cercana a mí una vez me dio este ejercicio que me gustaría compartirte. Antes de quejarte debes decir 5 cosas buenas (ya sea del trabajo, de otra persona, de tu situación, etc). Cuesta hacerlo porque siempre es más fácil quejarse y ver el problema. Pero la realidad es que con quejarnos no vamos a cambiar la situación, busquemos primero ser agradecidos. Dios quiere que nosotros sus hijos seamos el reflejo de Él en esta tierra, que en cualquier lugar que estemos brindemos amor, misericordia y esperanza. Pero si nos mantenemos en una actitud de queja estamos impidiendo que esto suceda. 

Somos sal y luz (Mateo 5:13-16), si damos paso a la queja nos volvemos insípidos y nuestras acciones no brillarán ni mostrarán a Jesús. Te invito a que tomes un tiempo y reflexiones si le has dado lugar a la queja. Que la detengas y comiences a dar lugar al agradecimiento. Con tu familia haz una lista de por qué estás agradecido con Dios y compártelo con alguien que necesite escuchar las maravillas que Dios hace a diario. 

Verdad de la Semana:

La queja no caracteríza a los hijos de Dios. 

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