invitación, no argumento
- CDA Lares

- 10 mar
- 2 Min. de lectura

Felipe encontró a Natanael y le dijo: —Hemos encontrado a aquel de quien Moisés escribió en la Ley y también en los Profetas: a Jesús de Nazaret, el hijo de José. Y le dijo Natanael: —¿De Nazaret puede haber algo de bueno? Le dijo Felipe: —Ven y ve.- Juan 1:45-46
Compartir nuestra fe a veces puede resultar intimidante. Muchos creyentes temen no tener las respuestas correctas si alguien les hace una pregunta difícil. Otros temen decir algo incorrecto o empezar un debate incómodo. Por eso, algunos evitan hablar de Jesús por completo. Pero cuando observamos cómo los seguidores de Jesús compartieron su fe, vemos algo simple. No siempre intentaban explicarlo todo. A veces solamente invitaban a otros a experimentar a Jesús por sí mismos.
En el libro de Juan, Felipe se encuentra con Jesús y se convence de que Él es el Mesías. Inmediatamente va a buscar a su amigo Natanael para contárselo. Natanael se muestra incrédulo al principio. Felipe no discute ni intenta ganar un debate. Solamente da una respuesta sencilla: «Ven y ve». Felipe entendió algo importante: Un encuentro personal con Jesús puede lograr más que cualquier discusión. La evangelización no siempre empieza convenciendo a alguien; a menudo es sólo abrir la puerta e invitar a las personas a descubrir a Jesús por ellos mismos.
Esto ayuda a cambiar nuestra forma de pensar sobre compartir nuestra fe. No necesitamos tener todas las respuestas. Simplemente necesitamos guiar a las personas hacia Jesús. Podemos invitar a alguien a la iglesia, compartir lo que Dios ha hecho en nuestra vida, o animar a un amigo a leer la Palabra con nosotros. Cuando las personas ven cómo Jesús está obrando en nuestra vida, la curiosidad hace el trabajo. Al igual que Felipe, nuestro papel no es forzar la fe de los demás, sino extender una invitación. El resto es algo que Dios mismo hará en sus corazones.
Verdad de la Semana:
Comienza con una simple invitación: «Ven y ve».
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