El que descendió
- CDA Lares

- 7 abr
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Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.- Filipenses 2:5-8
Las creencias y religiones del mundo tienen algo en común: le enseñan a las personas cómo alcanzar a Dios. Ya sea mediante el esfuerzo, la disciplina, el buen comportamiento, o incluso sacrificio personal, las personas intentan ascender. Con la esperanza de ser lo suficientemente buenas, puras o dignas. Pero el evangelio cuenta una historia completamente diferente. En lugar de demandar que la humanidad lo alcanzara, Dios eligió descender hasta nosotros. En Jesús, vemos a un Salvador que no se mantuvo distante, sino que entró en nuestro mundo.
Filipenses 2 lo describe claramente. Dice que Jesús, aunque era Dios, no se aferró a su posición. En cambio, se humilló y se hizo humano como nosotros. No vino como un rey que exige honores, sino como un siervo humilde y dispuesto a sufrir. Caminó entre la gente, sintió dolor, enfrentó la tentación y, finalmente, dio su vida en la cruz. Todos los demás caminos dicen: 'Esfuérzate más para alcanzar a Dios'. Jesús dice: 'Yo he venido a alcanzarlos'. (Lucas 19:10) La salvación no se trata de 'alcanzar a Dios', sino de aceptar el hecho de que Él ya nos alcanzó y recibir lo que Él hizo por nosotros.
Cuando entendemos esto, nuestra relación con Dios se transforma. No tenemos que demostrar nada antes de acercarnos a Él. No tenemos que arreglar nuestra vida ni volvernos perfectos. Jesús ya conocía nuestra fragilidad y aun así descendió para encontrarse con nosotros alcanzarnos. Hoy, en lugar de esforzarte por ganarte su amor, tómate un momento para recibirlo. Él ya te ama, por eso vino. Acércate a Él con sinceridad, tal como eres. El mismo Salvador que bajó del cielo por ti todavía te busca hoy.
Verdad de la Semana:
Jesús no esperó a que lo buscáramos; descendió por nosotros.
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Amén, igual que nosotros se nos hace difícil de despojarnos de lo nuestro, debemos aprender de Jesús.