El Dios que entregó
- CDA Lares

- hace 2 horas
- 2 Min. de lectura

Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.- Génesis 22:1-14 (V.12)
Quizás hemos leído esta porción varias veces y no nos hemos detenido a reflexionar. Nos parece increíble que Dios haya exigido a Abraham su único hijo, aunque sabemos que era una prueba. Pero olvidamos que Abraham había salido de Ur, de un pueblo pagano. En tiempos de Abraham, y en la cultura que creció, la idea de sacrificar los hijos a un dios no era inusual. Muchas culturas vecinas creían que cuanto mayor fuera el sacrificio ofrecido al ídolo, mayor sería el favor divino. En varios casos se ofrecían a los hijos, aun desde bebés. A veces anualmente, o por temporadas. Así que cuando Dios le pidió a Abraham que ofreciera a su hijo Isaac, quizás no le pareció tan extraño como pensamos. Aunque si haya sido doloroso, pero encajaba con lo que Abraham sabía sobre cómo se adoraba a los dioses.
Sin embargo, lo que sucedió después lo cambió todo. Cuando Abraham se disponía a obedecer, Dios lo detuvo. En el último instante, le dijo: «No pongas tu mano sobre el niño». En su lugar, Dios proveyó un carnero como sacrificio sustituto. En ese momento Dios subvirtió la trama y reescribió la narrativa que se esperaba de un Dios. Ese acto reveló algo completamente diferente sobre quién es Dios. No era como los dioses falsos que exigían todo de las personas. Este Dios no demandaba sacrificios para sí a cambio de favor. Él decidió escribir una nueva historia. Estaba demostrando que Él mismo proveería el sacrificio. Él no era un dios que exigía, Él era el Dios que entregaba todo por nosotros. Y esa historia tenía mayores implicaciones.
Un día, Dios entregaría a su propio Hijo. Mientras otros dioses exigían ofrendas, el verdadero Dios se convirtió en el que da. Dios le estaba diciendo a Abraham: 'No te pido tu único hijo, entrego al mio.' Y en ese momento, Dios demostró que Él no tenía nada que ver con los 'dioses' que Abraham había conocido. Cuando entendemos esto, se transforma nuestra visión de Dios. Él no nos pide que ganemos Su favor mediante sacrificios. No espera que demostremos nuestra valía. Al contrario, Él lo da todo sin reservas; y da a Su único Hijo para que podamos tener acceso a lo que Él nos da. A través de Jesús, Dios hizo el sacrificio supremo por nosotros. Nosotros no podíamos llegar a Él, pero Él se extendió y nos alcanzó. Y así Dios cambió la historia. No exigiendo nada, sino entregándolo todo en silencio. No sólo por quienes lo adoran, sino incluso, por quienes aún no lo adoran.
Verdad de la Semana:
Dios no exigió el sacrificio, lo entregó.
_PNG.png)



Comentarios