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Entre Temporadas

  • Foto del escritor: CDA Lares
    CDA Lares
  • hace 22 horas
  • 2 min de lectura
Les daré un corazón nuevo y derramaré un espíritu nuevo en medio de ustedes; les arrancaré del cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.- Ezequiel 36:26 (BLPH)

Muchos oran por una nueva etapa, oran fervientemente por un cambio de temporada. Le piden a Dios un nuevo comienzo. A menudo no somos consciented de lo que pedimos. Pasar por un cambio de temporada puede ser lo más doloroso que existe. Un claro ejemplo es cuando pasamos del invierno a la primavera. Nos imaginamos que cuando llega la primavera después de un largo invierno será un alivio. Después de tanto frío y aislamiento, por fin el calor del sol y al vida comenzando otra vez. Pero la verdad es que no es tan fácil. Después de tanto tiempo de frío, nos hemos adormecido para no sentir muchas cosas. Pero cuando el sol llega, la sensacion comienza a regresar. Después de tanto tiempo de insensibilidad, las emociones despiertan...y el dolor también. Lo que parecía un alivio puede resultar abrumador. El hielo se derrite, el corazón se descongela; pero el proceso duele.


Dios dijo en Su Palabra que nos quitaría el corazón de piedra. Porque un corazón de piedra no siente, y ese es el problema. Creamos una armadura en nuestro corazón para que esté protegido, resguardado y sea difícil de herir. Por el contrario, un corazón de carne puede sentir tanto alegría, como dolor. Puede ser tocado por Dios, pero también quebrantado. Le pedimos a Dios que nos sane sin darnos cuenta de que la sanidad implica dolor. Ser nuevamente capaces de sentir esperanza significa que la decepción es posible de nuevo, cuando ya nos habíamos insensibilizado contra ella. La capacidad de amar viene con vulnerabilidad. Lo que antes no afectaba, ahora puede doler. La resurrección duele, aunque sea evidencia de que Dios está devolviendo la vida a lugares que han estado congelados durante mucho tiempo.


El pueblo de Israel clamó por un cambio de temporada, pero sólo Jesús sabía que el precio de esa trancisión era la cruz. Navegar estos cambios puede ser más doloroso que el mismo invierno. Pero al final, habrá vida donde antes sólo había muerte. Si te encuentras en una etapa donde las emociones parecen más intensas que antes, no estás retrocediendo, aunque muchos no lo entiendan. Sólo estás sintiendo, aunque eso duela. El hielo que te protegía puede estar derritiéndose. Dios no intenta hacerte daño, aunque no siempre se sienta así. Como un doctor que maneja una fractura; al principio pensarás que es tu enemigo, pero la mejoría llegará. La primavera llegará. Él está restaurando tu capacidad de sentir, conectar, tener esperanza y vivir. Eso duele, pero es necesario. La primavera no llega de repente. Las flores no brotan de inmediato. Sucede gradualmente, y no siempre es cómodo. Pero confía durante la transición. Cuando la primavera lega, nadie puede detener el florecimiento. Y donde hoy ves una tumba, pronto verás jardines.

Verdad de la Semana:

El cambio no es fácil, pero trae vida.




 
 
 

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