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Dime con quién andas y te diré quién eres

  • Foto del escritor: CDA Lares
    CDA Lares
  • 1 jul
  • 2 Min. de lectura
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En muchas ocasiones, somos expertos en aceptar cosas que no nos convienen. Cuando conocemos una pareja, que sabemos que no viene de Dios, nos enfocamos en buscar la forma de que esa relación perdure. Dios nos ha hablado de mil formas para que no estemos con ese yugo desigual. (Corintios 6:14) Pero nos hacemos de oídos sordos, y de la vista larga. Seguimos enfocados en seguir intentando, esa relación “tóxica”. Dios nos revela que estamos mal, pero nuestra mente dice lo contrario. Nuestro corazón se empeña en que esa es la persona que debemos amar y nos guía a que hagamos lo incorrecto.


Proverbios 4:23 dice:
"Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida." La Palabra, en el libro de Jueces 16:1-31, nos habla de un hombre Nazareo que llegó por medio de una promesa de Dios. Este hombre venía a liberar el pueblo de Israel, un hombre con muchas virtudes. Pero se enamoró de la persona menos indicada. Sansón se enamoró de Dalila. Una mujer filistea con sentimientos despiadados quien, sobornada por los filisteos, lo engañó para que revelara su secreto más: su fuerza. Dalila, aprovechando la confianza; y el amor de Sansón, le cortó el cabello mientras dormía, privándolo de su fuerza.


Sanzon amaba a Dios, pero desvió su mirada. Sansón es un ejemplo de fuerza y debilidad. De alguien que, a pesar de recibir dones y ser escogido por Dios, fue influenciado por sus pasiones y errores. Sus malas desiciones lo llevaron a cometer muchos errores. Las malas desiciones siempre tienen consecuencias. Caminemos agarrados de la mano de nuestro Padre. Él quiere lo mejor para sus hijos. El tiempo de Dios es perfecto. Jeremías 29:11 dice: Porque yo sé los planes que tengo para vosotros declara el Señor, planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza.

Verdad de la Semana:

Discierne tus relaciones.

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