Compartir las Cargas
- CDA Lares

- 16 sept
- 2 Min. de lectura

“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo.” – Gálatas 6:2
Una de las expresiones más hermosas de koinonía es el acto de sobrellevar las cargas de los demás. La vida nunca fue para afrontarla en solitario. Desde el principio Dios dijo "No es bueno que el hombre esté solo." (Génesis 2:18) La iglesia primitiva lo sabía: se reunían a diario, compartían comidas, oraban y se apoyaban mutuamente de forma práctica. Cuando alguien sufría, sufrían juntos. Cuando alguien se regocijaba, todos celebraban. (Hechos 2:44-47; 4:32-35) Por eso Pablo dijo que al sobrellevar las cargas de los demás, cumplimos la ley de Cristo. Y, ¿cuál es esa ley? El amarse los unos a los otros. (Juan 13:34). Ayudar a alguien a sobrellevar el peso del dolor, las dificultades económicas o incluso sus dudas y luchas, es tener un corazón como el de Jesús. Significa entrar en la historia del otro y no dejar que camine solo.
Al mismo tiempo, la koinonía requiere humildad. No sólo para ayudar a otro a sobrellevar su carga, sino también para permitir que nos ayuden. Muchos nos resistimos a pedir ayuda porque no queremos sentirnos débiles o vulnerables. Pero Dios nos diseñó como un cuerpo, no como individuos aislados. Compartir nuestras cargas no es una derrota, es discipulado; aunque nuestro orgullo no nos permita verlo. Hoy, piensa en una persona en tu vida que pueda estar cargando más de lo que puede soportar sola. ¿Cómo puedes ayudar? Puede ser algo tan simple como un oído atento, una oración, una comida o una palabra de aliento. No subestimes el poder de estar presente; a veces, eso es exactamente lo que le recuerda a alguien que Dios no lo ha olvidado.
Por otro lado, pregúntate: ¿estoy dispuesto a dejar que otros me ayuden? La verdadera comunión es mutua. Permitir que otros lleven tus cargas y te bendigan también es un regalo. Así se fortalece la comunidad y se hace visible el amor de Cristo. No sólo entre nosotros, sino también para los que ven desde afuera. Hoy demos gracias a Dios por crearnos, no para caminar solos, sino en comunión. Pidámosle que nos enséñe a llevar las cargas de los demás con mansedumbre y compasión. Y que nos ayude a tener la humildad para compartir nuestras propias cargas. Para que, tanto al dar como al recibir, revelemos el amor de Cristo y demos testimonio.
Verdad de la Semana:
Las cargas son para unirnos.
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