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Las murallas de Jericó

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Josué 6:1-5


El pueblo de Israel había salido de Egipto y al fin se acercaban a la tierra prometida, pero aún había algo que se interponía entre ellos y su promesa: las murallas de Jericó. Según los arqueólogos estas murallas eran imponentes, pues no se trataba de un simple muro de ladrillos que se pudiera derribar, sino que este muro medía 2 metros de ancho y aproximadamente 5 de alto. Además, existía otro muro interior más o menos del mismo tamaño. Recordemos también que los israelitas tenían conocimiento de los gigantes que tendrían que enfrentar luego de atravesar la muralla.

Conquistar a Jericó no era tarea fácil, pero los israelitas tenían algo que nadie más tenia, la promesa de Dios de que esa tierra sería suya. Una promesa que esperaban desde los tiempos de Abraham, quien originalmente recibió esta promesa; y ya había llegado el tiempo. Fue así como, en obediencia, los israelitas se acercaron a la ciudad; pero Dios les dio unas instrucciones muy particulares acerca de cómo hacerlo. El Señor les indicó que rodearan la ciudad, una vez al dia durante seis días, y luego siete veces el séptimo dia. El pueblo debía marchar en silencio detrás del arca del pacto. Los sacerdotes irían delante del arca sonando sus cuernos, y delante de ellos los hombres armados. El séptimo dia, al terminar la séptima vuelta, el shofar sonaría y todo el pueblo debía gritar, entonces, las murallas caerían. ¿Por qué Dios les dio un plan tan extraño?

Pensaríamos que con una sola vuelta era suficiente, Dios puede hacerlo, ¿no? ¿Por qué esperar una semana entonces? Dios muchas veces nos da instrucciones que no parecen tener sentido, pero sólo ante la mente humana. Para Dios, todo tiene sentido, porque en Él no se trata del final, sino del proceso. Siendo un Dios de propósitos y pactos, lo que Él ha determinado para nuestra vida llegará, tan cierto como que Él vive. A Dios no le preocupa el final, Él ya lo tiene resuelto. Pero sí le preocupa el proceso, porque moldearnos es una tarea constante. Él podría haberle entregado la ciudad al pueblo, pero ¿qué habrían obtenido los israelitas de esto? Además, a veces hay cosas ocurriendo en el plano espiritual de las que no estamos conscientes. Analicemos la historia en detalle.

Primero, analicemos lo que ocurría desde el punto de vista de los israelitas. El pueblo ya había estado en esta posición antes, a punto de entrar a la tierra prometida. Incluso habían enviado espías para explorar la ciudad, Josué había sido uno de esos espías. Pero al hablar de los gigantes el pueblo se había asustado, no estaban listos para conquistar la bendición. Por lo que Dios retrasó la promesa 40 años. Ahora estaban de nuevo frente a la ciudad, y Dios les pedía que la rodearan. Aunque era una orden extraña, seguro que el primer dia no hubo mucho problema en obedecerla. Pero en los días siguientes, seguro enfrentaron batallas en sus mentes, en especial porque debían permanecer en silencio. Es difícil permanecer constantes haciendo lo que Dios nos mandó cuando lo que debemos hacer no tiene sentido, ni se ven los resultados. Pero es en estas circunstancias donde desarrollamos nuestra fe y nuestra constancia. Cuando decidimos obedecer el mandato, a pesar de que no entendemos el propósito ni vemos el cambio. Entonces nos vemos obligados a creer y confiar en Dios y crecemos en el proceso.

Por otro lado, es posible que los israelitas tuvieran que soportar burlas de parte de sus enemigos, quienes los veían marchar en círculos sin ningún propósito aparente. Al igual que el enemigo juega con nuestra mente para desanimarnos cuando sabe que nosotros mismos no estamos seguros de lo que hacemos. Por eso debemos tomar el escudo de la fe para protegernos de los ataques del enemigo. Es en esos momentos que aprendemos a andar por fe, no por vista. Además, Dios prueba nuestra obediencia. Cuando caminamos por fe, confiando y obedeciendo, sin importar el tiempo ni las circunstancias, le estamos diciendo a Dios que estamos listos para recibir lo que Él tiene para nosotros. Porque ya tenemos la madurez para entender que, si Dios lo dijo, Él lo hará; porque si no nos dejó morir en el desierto, no permitirá que unas murallas nos roben la bendición.



Veamos lo que estaba sucediendo en el lado de los Caananitas. Parecía que los enemigos tenían una posición aventajada, pero en el versículo 1 leemos lo siguiente:

Por temor a los hijos de Israel, la ciudad de Jericó estaba muy bien cerrada. Nadie podía entrar ni salir.”- Josué 6:1

Parecía ser que los enemigos tenían la ventaja, pero en realidad, estaban asustados. Al enemigo le gusta jugar con nuestra mente porque es el único lugar donde puede conseguir una ventaja. Si logra amedrentarnos, nosotros nos rendiremos aún antes de intentarlo; y él ganara tiempo. La verdad es que él sabe que ya está derrotado, no puede ganarnos de frente porque tendría que enfrentar a Dios mismo. Por eso utiliza la estrategia de dividir y conquistar; si él puede hacernos dudad de Dios y hacer flaquear nuestra fe, nuestra conexión con Dios se afectará y no obtendremos la victoria, al menos no en ese momento. Pero el enemigo sabe que, si vamos con fe y determinación a recuperar lo que es nuestro, él no tiene oportunidad. Es por eso que Jericó estaba cerrada. Ellos habían escuchado de las conquistas que había tenido el pueblo, y de lo “extrañas” que habían sido. Así que se encerraron con provisiones detrás de sus murallas. Nadie entraba, ni salía.

Hasta que un dia vieron que los israelitas se acercaban. Ellos confiaban en sus murallas, pero seguro que estaban alerta y listos para luchar. Pero los israelitas se acercaron a la muralla y luego comenzaron a rodearla. Los soldados quizás pensaron que los israelitas tratarían de atacar la ciudad por detrás, o tal vez habían planificado algún tipo de emboscada. Sin embargo, los israelitas terminaron su ronda y se fueron. Al dia siguiente sucedió lo mismo, y al siguiente, durante seis días; pero los israelitas no atacaban. Los enemigos estaban desconcertados. Cuando Dios te da instrucciones difíciles de entender no te preocupes, el enemigo también está desconcertado, pues él tampoco conoce la mente de Dios.

Los enemigos ya estaban asustados, y ahora no entendían la estrategia de los israelitas. Seguramente, el pánico reinaba dentro de esas murallas. Sin embargo, los días pasaron, y en Jericó se acostumbraron a la ronda de los israelitas; hasta que llegó el séptimo dia. Luego de la primera ronda, es muy posible que los soldados bajaran la guardia pensando que los israelitas se irían de nuevo; pero los israelitas seguían marchando. Los enemigos no tenían forma de saber por qué los israelitas habían cambiado su rutina, o cuántas vueltas darían esta vez, ni con qué propósito. De seguro estaban confundidos y asustados, entonces, sonó el shofar. Y ante el asombro y horror de los enemigos, las murallas cayeron de una sola vez.

No es sólo que ambos muros cayeran al mismo tiempo y sin causa aparente, sino que algo sobrenatural ocurrió al momento de que éstos se derrumbaran. Las murallas se construían de tal forma que, si se derrumbaban, los escombros caían hacía adentro de la ciudad; de manera que los enemigos aún no podían entrar debido a que no podían escalar la montaña de escombros. Según los arqueólogos, en el caso de Jericó las murallas se derrumbaron hacia afuera; de tal forma que los israelitas pudieron subirse a los escombros y escalarlos para entrar en la ciudad, mientras que los enemigos no podían salir.

Cuando Dios te ha dado una promesa, Él es fiel a su palabra. Y si Él dice que ha entregado algo en tus manos, realmente lo ha entregado en tus manos. Y si el enemigo robó tu terreno y levantó murallas alrededor para evitar que tomaras posesión de lo que te pertenece, en el nombre de Jesús recupéralo hoy. Tal vez debas darle vueltas al terreno durante un tiempo, pero en cada vuelta estás declarando que el terreno te pertenece. En cada marcha de fe le declaras la guerra al enemigo, advirtiéndole que debe soltar tú bendición porque te pertenece. Y cuando suene la trompeta indicando que ha llegado el tiempo de la conquista, los muros caerán sobrenaturalmente hacia afuera para ayudarte a tomar posesión de la bendición que te fue prometida. Los muros que el enemigo construyó para detenerte, serán la escalera que Dios usará para ayudarte a tomar posesión del terreno que el enemigo te había robado. Pero sólo sucederá si estás dispuesto a obedecer las órdenes y creer sin límites, mientras te mantienes firme marchando detrás de la presencia de Dios, sin mirar atrás.




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