Las buenas noticias no se Esconden
- CDA Lares

- 24 mar
- 2 Min. de lectura

Luego se dijeron unos a otros: —No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas noticias y nosotros callamos. Si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la noticia en la casa del rey. (v.9)
A veces recibimos algo bueno e inmediatamente pensamos en compartirlo. Cuando descubrimos algo útil, un lugar divertido, o un buen restaurante, queremos que otros lo disfruten. Esto mismo es lo que ocurre en 2 Reyes 7. En ese momento había guerra. La ciudad de Samaria estaba sitiada y sufría una terrible hambruna. La gente estaba desesperada y era imposible encontrar comida. Tanto que las madres comenzaron a devorar a sus hijos. El pueblo no tenía esperanza, hasta que el profeta Eliseo dijo que el panorama estaba a punto de cambiar.
Cuatro hombres leprosos estaban sentados a las afueras de la ciudad cuando decidieron arriesgarse e ir al campamento del enemigo. Sabian que, sin importar si permanecían fuera de la ciudad o si entraban, morirían; pues no había comida. Así que tanto si los enemigos les perdonaban la vida como si los mataban, estaban dispuestos a intentarlo. Para su sorpresa, el campamento estaba completamente vacío. Dios había asustado al ejército enemigo para que huyeran, dejando atrás tiendas llenas de comida, ropa y provisiones, e incluso sus animales. Al principio, los hombres comenzaron a comer y a recoger tesoros para sí mismos. Pero luego se detuvieron y dijeron algo importante: No estamos haciendo bien. Hoy es día de llevar buenas noticias, y nosotros nos las estamos callando. Comprendieron que la gente hambrienta de la ciudad necesitaba saber lo que habían encontrado.
Los leprosos de la historia no eran nadie, eran marginados; incluso podían matarlos por acercarse a la ciudad. Pero ellos tenían una noticia que salvaría la vida de todos y debían compartirla. Hoy, vivimos un tiempo en donde las personas viven atrapadas por el enemigo. El evangelio es la mejor noticia que alguien podría recibir. A través de Jesús, tenemos libertad de la opresión del enemigo y acceso a la abundancia. Si comprendemos verdaderamente lo que hemos recibido, eso debería llevarnos a compartirlo con los demás, no a callarnos. Al igual que los cuatro leprosos de la historia, estamos rodeados de personas que mueren de hambre espiritual. Compartir nuestra fe en este tiempo se trata de compasión. Sólo nosotros tenemos conocimiento de que el enemigo ya ha sido derrotado y la libertad ha sido declarada.
Verdad de la Semana:
No debemos guardar lo bueno para nosotros mismos.
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