top of page

La misión más grande de tu vida

  • Foto del escritor: CDA Lares
    CDA Lares
  • 5 may
  • 3 Min. de lectura
vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él (...) Al ver esto, los discípulos se enojaron (...) Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? (...) De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella.- Mateo 26:7-13 RV60

Leyendo esta porción pensaba, ¿podrá el Señor decir de mi “se contará lo que ha hecho para memoria de ella”? No porque me interese dejar un legado material, salir en los libros de historia o que se levante una gran estatua en mi nombre cuando ya no esté. Sino porque quiero escuchar la voz de mi Señor diciendo “has peleado la buena batalla, has acabado la carrera, has guardado la fe” (2 Timoteo 4:7RV60) “…sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor.” (Mateo 25:23RV60)


Si bien la salvación es un regalo divino, también es cierto que si atesoramos su salvación anhelamos hacer la voluntad del Padre. Demostrando así, el amor que sentimos por Él. Entonces me pregunto, ¿estaré cumpliendo la misión de mi vida? Cuando hablo de la misión de nuestra vida no hablo de un acto de benevolencia o de un gesto compasivo de vez en cuando. Tampoco hablo de decir que queremos ir a las naciones cuando no somos capaces de visitar por 15 minutos a un vecino en soledad. La gran misión de nuestra vida requiere constancia, persistencia y una profunda convicción de quiénes somos como hijos de Dios.


Hoy quisiera que meditaras conmigo en esto. La ordenanza de nuestro Señor Jesucristo fue directa, “…vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura.” (Marcos 16:15-RVC) Haciendo hincapié en que para conocer a un verdadero discípulo era necesario amar. “En esto conocerán todos que ustedes son mis discípulos, si se aman unos a otros”. (Juan 13:35RVC) He ahí la gran misión de nuestra vida. No sólo llevar el evangelio a aquellos que no le conocen. No sólo mostrar bondad y predicarles con nuestros actos. El gran reto es amar. Amar como Jesús nos amó, siendo capaz de dar su vida por cada uno de nosotros, sin que lo mereciéramos. Amar como Jesús amó a Judas que le traicionaría, a Pedro que le negaría, y a Tomás que no le creería. ¡Amar, amar, amar!


Mirando los ejemplos de Jesús solo podemos decir: “qué mucho nos falta”. Pero podemos mirar en nuestro corazón y ver que hay heridas, raíces de amargura y momentos de dolor, que pueden hacer nuestro corazón de piedra. Mi oración al Padre hoy, es que nuestro corazón pueda ser sanado para sanar a otros; que pueda ser un corazón capaz de amar con el amor con que nos amó el Padre. Que al mirar a la cruz entendamos que la gran misión de nuestra vida es amar a pesar del agravio, la traición o el dolor. No olvidando “… cuán grande amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios.” (Juan 3:1 RVA). Amemos para que cuando ya no estemos, al recordarnos puedan decir, “yo conocí el amor del Padre, cuando un día le vi actuar como un verdadero hijo de Dios”. Que hoy nuestra oración sea: ¡Señor, enséñame a amar!


El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor... - 1 Juan 4:8-12 (RV60)

Verdad de la Semana:

Nuestra misión es amar como Él amó.

 
 
 

Comentarios


bottom of page