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Levántate, Guerrero

  • Writer: CDA Lares
    CDA Lares
  • 2 days ago
  • 3 min read
Pero si no quieren servir al Señor, elijan hoy a quién van a servir: si a los dioses a los que sus antepasados servían a orillas del Éufrates, o a los dioses de los amorreos que viven en esta tierra. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor.- Josué 24:15 (DHH)

Vivimos en una época en la que la familia enfrenta desafíos constantes. Las voces del mundo pueden desgastar los hogares y hacernos pensar que ya no hay esperanza para un matrimonio, un hijo o un ser querido. Sin embargo, la Biblia nos recuerda que Dios sigue siendo especialista en restaurar lo que parece perdido. Cuando Josué declaró: "Yo y mi casa serviremos al Señor", no estaba confiando en su capacidad para controlar a su familia. Estaba expresando una decisión de fe: su hogar pertenecería a Dios, y él haría todo lo que estuviera en sus manos para dirigirlo hacia Él. Como padres tenemos la responsabilidad de asegurar que lo que ocurre en el hogar honre a Dios y de excluir las actividades que no lo hacen. Nuestro primer ministerio comienza en casa. Allí modelamos el amor, el perdón, la paciencia y la fidelidad al Señor. Pero también debemos reconocer nuestros límites.


Recordemos que al igual que Josué somos impotentes para controlar lo que nuestros hijos sienten, creen y desean. Debemos comunicarles nuestra fe con amor, ejemplo y confiar en la obra del Espíritu Santo para cambiar sus corazones. No podemos cambiar el corazón de nuestros hijos, de nuestro cónyuge o de nuestros familiares. Sólo el Espíritu Santo puede hacer esa obra. Nuestra responsabilidad es sembrar con el ejemplo, enseñar la Palabra con amor y perseverar en oración. Cuando reconocemos nuestro límite, abrir las manos al cielo no es señal de derrota. Es la oración más valiente que existe. Cuando entregamos nuestra familia al Señor, no estamos renunciando a ella; estamos confiándola a las manos de Aquél que puede cuidarla mejor de lo que nosotros jamás podríamos. Él es quien restaura lo quebrantado, fortalece lo débil y hace posible lo que para nosotros parece imposible (Lucas 1:37).


Hoy, en lugar de alimentar la duda o el temor, levanta una oración por tu hogar. Declara que tu familia pertenece al Señor y pídele que haga Su obra en cada corazón. Tal vez aún no veas el resultado que anhelas, pero no permitas que el enemigo robe tu esperanza. Sigue sembrando con fidelidad, sigue orando y sigue viviendo un testimonio que honre a Cristo. La paz no nace de tener el control de cada situación, sino de descansar en las manos del Dios que nunca pierde el control. Te exhorto que escojas la paz que te ofrece el Señor, esa paz que sobrepasa todo entendimiento, él guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. (Filipenses 4:7)


Pelea por tu primer ministerio con oración, con amor y con el ejemplo. Confiando en que Dios sigue obrando aun cuando todavía no puedas verlo. Sin importar lo que estés viviendo, Dios todavía puede levantar tu casa, recuperar lo perdido y convertir tu familia en un altar de adoración. No olvides que nuestra fe y esperanza está puesta en el Dios que restaurará. En el que nada hay imposible. (Lucas 1:37) Levántate y sé un guerrero; con ayuno, oración y con el ejemplo. Pelea por el primer ministerio, tu familia.

Verdad de la semana:

Declara que tu casa le pertenece al Señor.




 
 
 

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