Tu primer ministerio
- CDA Lares

- Jul 7
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Debe dirigir bien a su propia familia, es decir, que sus hijos les obedezca y siempre los respete. Si un hombre no sabe dirigir a su propia familia, entonces tampoco podrá cuidar de la iglesia de Dios.- 1 Timoteo 3:4-5
Cuando la gente piensa en el ministerio suele imaginarse predicando, dirigiendo la alabanza, dando una clase o sirviendo en un ministerio. Si bien todo eso es importante, la Palabra nos recuerda que nuestro primer ministerio está mucho más cerca. En 1 Timoteo Pablo explica que quienes desean liderar la iglesia de Dios deben primero demostrar fidelidad al cuidar de su propia familia. Eso no significa que nuestra familia deba ser perfecta. Significa que antes de que Dios nos confíe el cuidado de muchas personas, nos llama a cuidar fielmente de las personas que ya ha puesto en nuestras vidas. (Lucas 16:10)
Es posible estar tan ocupados sirviendo a los demás que, sin darnos cuenta, descuidamos a nuestra propia familia. Podemos invertir horas ayudando a desconocidos mientras olvidamos animar a nuestra pareja, escuchar a nuestros hijos, honrar a nuestros padres o simplemente estar presentes en casa. Ese nunca fue el orden de Dios. Él nunca quiso que el ministerio y la familia compitieran entre sí. Por el contrario, nuestra familia suele ser el primer lugar donde se pone a prueba nuestro carácter, paciencia, perdón y amor. Lo que mostramos en la iglesia también debe reflejarse en nuestra propia mesa. El compromiso que mostramos en público debe ser el misma que nuestra familia experimenta a diario. El ministerio no comienza cuando subimos a una plataforma, sino en los momentos cotidianos.
Tomemos un momento hoy para preguntarnos a quién nos ha confiado Dios. Quizás sea tu cónyuge, tus hijos, tus padres, un hermano u otro familiar. Estas relaciones no son una distracción del ministerio; son parte de él. Antes de buscar mayores oportunidades para servir, sé fiel con las personas que Dios ya ha puesto en tu vida. Un hogar sano nunca será perfecto, pero puede convertirse en uno de los testimonios más poderosos de la obra transformadora de Dios. A menudo, el mayor ministerio que jamás tendremos es el que nos espera al cruzar la puerta de nuestra casa.
Verdad de la Semana:
Seamos buenos mayordomos de nuestro primer ministerio.
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