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Bendiciones Disfrazadas

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Cuenta una historia que un granjero cultivaba trigo. Pero al ver que todos los años perdía el 40% de su cosecha, decidió hablarle a Dios al respecto. El hombre le contó a Dios cómo todos los años las lluvias, inundaciones, tormentas y otros fenómenos atmosféricos les ocasionaban pérdidas a ellos e incluso ocasionaban hambre en su tierra cuando no había suficiente trigo para todos. Dios lo escuchó con atención y luego le preguntó qué pedía para arreglarlo. El granjero le pidió a Dios un año, durante ese tiempo sólo tendrían el sol y la lluvia necesarios para que el trigo creciera sin pérdidas y así no hubiera hambre en su aldea. El Señor estuvo de acuerdo y le concedió lo que el granjero pedía.


Un año después, el trigo había crecido más alto y abundante que nunca, el granjero estaba muy feliz con el resultado. Sin embargo, cuando cosecharon el trigo se dieron cuenta de que no había grano dentro de las espigas. El trigo había crecido hueco, no tenían cosecha. El granjero muy confundido le preguntó a Dios qué había ocurrido. Dios, con mucho amor le explicó que como el trigo no había tenido que enfrentar ningún reto, tampoco se había visto obligado a fortalecerse y por eso estaba vacío. El hombre entonces entendió que cada vez que enfrentaban una tormenta, era la forma de Dios de obligar al trigo a desarrollarse. El trigo vacío no resistía la tormenta y era eliminado. En realidad no estaban perdiendo el 40% de la cosecha, ganaban un 100% de bendición y la aldea no moría de hambre.


Muchas veces pensamos que cualquier cosa que nos ocasione incomodidad no viene de Dios. Incluso dudamos del amor de Dios cuando pasamos tiempos difíciles. No somos capaces de ver, que muchas veces nuestro problema es la prueba del amor de Dios hacia nosotros. Es una bendición disfrazada, pero no lo podemos ver en ese instante. Sólo mirando hacia atrás podemos entender lo que Dios pretendía hacer. Es difícil ver que el dolor ayuda a nuestro crecimiento. Pero los diamantes no son otra cosa que carbón que, sometido a una gran presión y calor bajo tierra, desarrolló su potencial. Dios quiere desarrollar nuestro potencial, pero eso implica momentos incómodos para nosotros. El resultado, sin embargo, vale la pena.


Cuando conocemos a Dios y su carácter, cuando somos conscientes de su amor por nosotros, podemos tener esperanza en medio del proceso y atravesarlo, e incluso dar gracias. ¿Cómo es posible esto?


“Den gracias a Dios en todo, porque ésta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús.”- 1 Tesalonicenses 5:18 (RVC)

La Palabra dice que demos gracias en todo, no por todo, sino en medio de todo. Podemos dar gracias a Dios aún en momentos difíciles. ¿Por qué?


“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que lo aman; esto es, a los que son llamados conforme a su propósito.”- Romanos 8:28 (RVA-2015)

Cuando Dios está en control, podemos estar seguros de que al final todo saldrá bien, aún cuando parezca imposible. Debemos recordar que Dios siempre trabaja a favor nuestro, no en nuestra contra. Si creemos esto, podemos dar gracias en todo. Aunque a muchos le pueda parecer locura, pero esto no debería sorprendernos.


“Y no adopten las costumbres de este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto.”-Romanos 12:2 (RVC)


Los cristianos no pensamos como el mundo, no vemos las cosas como el mundo; por lo tanto, no podemos reaccionar como el mundo. Es muy humano quejarse cuando hay problemas, culpar a Dios, auto-compadecernos, deprimirnos y rendirnos. Pero en el reino, podemos reconocer en los problemas una bendición disfrazada y dar gracias a Dios por ella al tiempo que seguimos hacia adelante con esperanza y gozo. Este es el resultado de una mente renovada por la verdad de la Palabra. Una mentalidad del reino.


"Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿O quién podrá instruirlo? Pero nosotros tenemos la mente de Cristo.”- 1 Corintios 2:16 (RVC)


Este es el tipo de mentalidad que adquirió el granjero cuando entendió el por qué de las tormentas. Desde ese momento, seguro que agradeció cada tempestad, e incluso, pidió más. Esto le parece una locura al mundo, pero para los que andamos en el Espíritu, es totalmente normal y razonable. De todos modos, incluso si lo pidiéramos, ninguna tormenta durará más tiempo del determinado por Dios, es decir, más de lo necesario Al pensar de esta manera somos más felices, pues nuestra mente no es dominada por el miedo o la incertidumbre, sino por la paz. De esa manera descubrimos la voluntad de Dios para nosotros, que podamos vivir una vida de bendición en Él.

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