Antes que todo
- CDA Lares

- 2 sept 2025
- 2 Min. de lectura

Fiel es Dios, quien los ha llamado a tener comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor. – 1 Corintios 1:9
Cuando escuchamos la palabra koinonía (comunión), a menudo pensamos en reuniones de la iglesia, comidas o salidas de amistad. Pero antes de describir nuestra conexión con las personas, koinonía describe nuestra relación con Dios. El significado más profundo de la palabra es compartir la vida juntos. Dios mismo nos ha llamado a una relación íntima con su Hijo. No fue idea nuestra, sino suya. No nos invita a una relación superficial, sino a una cercanía donde nada se esconde, lo entregamos todo. Así como Jesús caminaba a diario con sus discípulos, Dios anhela caminar a diario con nosotros. Ya sea en nuestro trabajo, nuestras luchas, nuestros momentos de tranquilidad y nuestra adoración. Él lo quiere todo de nosotros. Él no cambia de opinión sobre nosotros como nosotros cambiamos de opinión con las personas. Nos quiere con todo lo que traemos, lo bueno, lo malo y lo crudo. Sin reservas.
Sin esta comunión "vertical" (con Dios), nuestra comunión "horizontal" (con los demás) se vuelve vacía. Podemos estar rodeados de gente y aun así sentirnos desconectados si no estamos arraigados en la comunión con Cristo porque no sabemos amar hasta que Él nos ama. Pero cuando vivimos en comunión con Él, su amor se desborda y llena cada relación que establecemos. Pregúntate hoy: ¿Cómo es mi comunión con Dios? ¿Se reduce a oraciones rápidas o estoy derramando mi corazón y escuchando el suyo? La verdadera koinonía significa invitarlo tanto a lo ordinario de nuestra vida como a lo extraordinario. No sólo cuando lo necesito. Sino que busco Su presencia al cocinar, trabajar, estudiar, descansar o caminar. Significa hacer espacio para escuchar Su voz y ver Su rostro, y presentarle tus pensamientos sin filtro.
Cuando la comunión con Dios es tu punto de partida, todas las demás relaciones se transforman. Te conviertes en un recipiente a través del cual Su amor, paciencia y gracia fluyen naturalmente. Así que hoy te invito a que evalúes si realmente le estás dando a Dios la prioridad que Él se merece en tu vida. Si no es así, no temas. Ven a Él como estás y pídele perdón. Él siempre te espera para recibirte, con fallas y todo, pues Él te quiere a ti no a tu perfección. Dale gracias porque Él te escogió para tener koinonia con Él. Y pídele que te enseñe la manera correcta de relacionarte con Él en todo tiempo. Él está ansioso por que se lo pidas. Y verás que una vez conectado con Él, todas tus relaciones fluirán de la manera correcta.
Verdad de la Semana:
La comunión con Dios es lo primero.
_PNG.png)



Comentarios