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  • Foto del escritorCDA Lares

Amigo de Solitarios

No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.- Juan 14:18

El ser humano es un ser social, fuimos diseñados para compartir con otros. Si hay algo que no soportamos es la soledad. La soledad es algo extraño, pues no se trata de estar solo, sino de sentirse solitario. La peor soledad no es la que sientes cuando estás solo en tu habitación, sino aquella que sientes en medio de una multitud. Vivimos en un mundo que está cada vez más conectado digitalmente, pero cada vez hay menos conexión emocional. Dios entiende esta necesidad del ser humano. El nos creó con ella, para que no quisieramos separarnos de él. Y siempre ha estado con nosotros, pues esa siempre fue su intención.


En el libro de Juan, Jesús se preparaba para cumplir su misión y ascender, por eso les aseguró que no los dejaría huérfanos, para que no temieran la soledad. Pero Dios ha cumplido esta Palabra desde el principio, desde que declaró que no era bueno para el hombre estar solo. (Gén. 2:18) Vino a nosotros en nuestro pecado (Efesios 2:1-10), y cuando debió irse nos envió su Espíritu. Jesús es, principalmente, el amigo de aquellos que piensan que no tienen amigos. Aquellos que buscan a su alrededor y no ven a nadie, pueden correr hacia él. (Proverbios 18:10) Por eso Pedro declaró Señor, ¿a quién iremos? (Juan 6:66-68) A quién iremos, si sólo podemos contar con El.


Esto fue lo que sintió el rey David cuando huía de Saúl. El declaró en el Salmo 142 Miro a un lado y me doy cuenta de que a nadie le intereso; refugio no tengo, y a nadie le importo. Soledad es no tener a quién acudir. Algo que el profeta Elías experimentó cuando huía de Jezabel. (1 Reyes 19:1-15) El no tenía a dónde ir y, al igual que David, terminó en una cueva. Sin embargo, en ninguno de los dos casos la cueva fue impedimento para que Dios los encontrara. Elías observó el viento, el terremoto y el fuego esperando a Dios, pero sólo lo escuchó una vez el ruido cesó. Creo que es porque Dios ya se encontraba en la cueva desde el principio. Y es que si Dios está en nosotros, nunca podemos estar solos. Podemos desesperarnos cuando miramos al cielo esperando que Dios aparezca. Pero Jesús no es el amigo que está a la distancia y al que esperamos luego de llamarle. El siempre está ahí, aún antes de que nos demos cuenta que le necesitamos.

 

Verdad de la Semana:

Jesús siempre está allí.


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