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Poco para el mundo, mucho para Dios

Writer: CDA Lares
CDA Lares
3 hours ago
2 min read
Jesús estaba en el templo, y vio cómo algunos ricos ponían dinero en las cajas de las ofrendas. También vio a una viuda que echó dos moneditas de muy poco valor. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: —Les aseguro que esta viuda pobre dio más que todos los ricos. Porque todos ellos dieron de lo que les sobraba; pero ella, que es tan pobre, dio todo lo que tenía para vivir.- Lucas 21:1-4 (TLA)

En esta escena, Jesús se encontraba en Jerusalén, en el templo. El lugar al que muchas personas acudían para adorar y presentar sus ofrendas. Mientras observaba cómo la gente depositaba dinero, observó cómo los ricos depositaban sus ofrendas. Ellos entregaban grandes cantidades. Entonces llegó una viuda pobre y depositó solamente dos pequeñas monedas. A simple vista, su ofrenda parecía insignificante en comparación con las demás. Sin embargo, Jesús vio algo diferente. Llamó la atención de sus discípulos hacia aquella mujer para enseñarles una gran lección: el valor de lo que damos no siempre se encuentra en la cantidad, sino en el corazón con que lo entregamos.


Jesús enseñó que aquella viuda había dado más que todos los demás. Porque los otros habían dado grandes cantidades de lo que les sobraba. Mientras ella había entregado todo lo que tenía para vivir. Cuando todos se fijaron en la cantidad, Jesús vio algo que no podía contarse en monedas: el corazón de aquella viuda. Aunque tenía muy poco, lo entregó todo. Pues en aquella época, muchas viudas quedaban en una situación de gran vulnerabilidad al perder la fuente principal de sustento de su hogar, que era su esposo. Por lo que mendigaban para sobrevivir. Sin embargo, Jesús no enfocó su mirada en lo poco que aquella mujer poseía, sino en la grandeza de su entrega. Dios ve lo que otros no ven. Jesús no se impresionó simplemente por las grandes cantidades, sino que destacó una generosidad nacida del sacrificio y de la confianza en Dios. La viuda tenía poco dinero, pero su entrega reveló algo inmensamente valioso: una confianza en Dios que no podía medirse en monedas.


La verdadera generosidad no consiste en competir con otros, buscar reconocimiento ni dar irresponsablemente hasta quedarnos sin los recursos necesarios. Se trata de cultivar cada día un corazón dispuesto a compartir lo mejor que Dios ha puesto en nuestras manos, no sólo dinero. Y tú, ¿qué puedes dar de ti? Tu tiempo, tu atención, tu fe, tu sinceridad, tu servicio, tu amor o tu cuidado a una persona que lo necesite. Vale la pena preguntarnos: ¿Estoy dando solo lo que me sobra, o comparto lo mejor de mí? ¿Soy generoso con Dios y mi prójimo? Dios no mide nuestra generosidad por lo que entregamos, sino que mira la intención de nuestro corazón. Tal vez tenemos poco para ofrecer. Pero lo que parece poco ante el mundo es mucho cuando nace de un corazón sincero y dispuesto para Dios.

Verdad de la Semana:

Dios no cuenta monedas, Él mira corazones.



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