El guía permanente de tu vida


Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.- Juan 14:15-17 RV60
En un mundo donde conceptos como divorcio, separación y renuncia son habituales, es difícil pensar que algo pueda ser permanente. Lo inmediato se ha convertido en la orden del día. Hoy queremos una cosa, mañana cambiamos de opinión. Y no importa lo que queramos, lo queremos ahora. ¿Pero qué pasa con cultivar una relación, dejarla crecer y esperar los frutos de ella con paciencia? Eso requiere tiempo, esfuerzo y entrega. La relación de los hijos de Dios con el Espíritu Santo no es diferente.
Entramos y salimos de una iglesia a otra por cosas tan simples como “no me gustó el sermón de hoy”, “el hermano me miró mal” o “la hermana no me saludó”. Entonces, ¿cómo decir que amo al Espíritu de Dios en mí, si ni siquiera puede aprender a pasar por alto la “ofensa” del hermano que lleva la imagen de Dios? ¿Cuándo nos sentamos a pensar sobre la importancia de Aquél que vive permanentemente en nosotros? Ese que en ocasiones orillamos a un rincón de nuestro corazón y del que sólo nos acordamos cuando llega el dolor, la ansiedad o la prueba. Ese que el mismo Jesús dijo que nos guiaría a toda verdad. El que no sólo consuela nuestra alma, sino que la orienta para dirigirla a puerto seguro en medio de cualquier circunstancia. Nuestro amado Consolador, el Espíritu Santo.
Valorar en nuestra vida la presencia de la Tercera Persona de la Trinidad es mucho más que saber que Él está ahí. Es hacerlo parte de nuestra relación con el Padre, mientras vivimos agradecidos de la salvación que nos fue dada a través del Hijo. El Espíritu Santo que habita en los hijos de Dios, no es una figura decorativa, es la presencia misma de nuestro Señor guiándonos en cada decisión y a cada momento. Por eso es imprescindible procurar una relación diaria con Él, y que cada uno de nuestros pasos sea el reflejo de esa relación. Esto es producto de esa relación constante que reconoce el valor de quien habita en nosotros, el guía perfecto habitando en nosotros para siempre.
El reto para los hijos de Dios es reconocer la presencia constante del Espíritu en nosotros, hacerlo parte de cada decisión al escudriñar La Palabra, y vivir confiados de Su intervención en cada aspecto de nuestra vida. Recuerde, Él es quien está permanentemente guiando nuestro caminar para llevarnos a la verdad de nuestro Señor y Salvador.
Verdad de la Semana:
Reconoce, valora y ama la presencia del Espíritu Santo en tu vida.
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