Escoge la vida espiritual


Los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.- Gálatas 5:24 (NVI)
Jesús nos invita a conocerlo, a dejar que Su carácter se forme en nosotros. A vivir la vida que Él murio para darnos. A rendirnos al poder del Espíritu, no a la fuerza de la voluntad humana. No a seguir haciendo lo que sabemos que está mal una y otra vez. El Espíritu Santo tiene el poder para renovar nuestros pensamientos, pero tenemos que permitir que Él lo haga. En Efesios 4:15 (RVR1960) vemos que se nos dice: «sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo».
Así que la Biblia nos anima a crecer en todos los aspectos hacia Cristo. Sin embargo, es una decisión que debemos tomar cada dia. Madurar espiritualmente es dejar atrás lo superficial para abrazar lo profundo. Es pasar del entusiasmo inicial a la constancia y perseverancia; y de la emoción a la convicción. Hay que entender que en Cristo ya fuimos libertados del pecado y, por lo tanto, considerarnos muertos a esa vida pasada. A medida que crecemos espiritualmente y dominamos la carne, nos volvemos más pacientes, más humildes, más parecidos a Jesús. No olvidemos que la corrección de Dios es una muestra de Su amor y un llamado a salir de la tibieza espiritual. Pues en Apocalipsis 3:19 se nos dice: «Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete» (RVR1960)
Por eso, hoy te invito a evaluarte y hacer cambios que te ayuden a mejorar. Míremoslo como una oportunidad de dominar a diario todo lo que nos aleja del crecimiento espiritual. Abrazemos la vida que Dios tiene para nosotros. Hagamos espacio para crecer, escuchar y dejarnos transformar por Dios diariamente. Posiblemente el proceso duela pero la recompensa será inmensa. Hagamos cambios significativos en nuestra vida. Dediquemos tiempo a la oración y a tener una relación personal e íntima con Cristo. Cultivemos el amor, la paz, la paciencia y la templanza descritos en la Biblia. Sometamos a la vieja naturaleza y caminemos bajo la guía de Dios. Porque cuando Cristo crece en nosotros, todo lo que hacemos empieza a tener un propósito eterno; y nuestra vida es mejor.
Verdad de la Semana:
Vivamos para Cristo, no para nosotros.
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