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La Quietud que Gana Guerras

  • Foto del escritor: CDA Lares
    CDA Lares
  • 14 oct 2025
  • 1 Min. de lectura
“Estad quietos, y sabed que yo soy Dios.” — Salmo 46:10

Cuando las batallas se desatan a nuestro alrededor, nuestro instinto es movernos, arreglar las cosas y luchar. Pero a veces las guerras más ruidosas se ganan en silencio. El Salmo 46 describe una escena caótica —naciones furiosas, montañas temblando— y justo en medio de ella, Dios dice: “Estad quietos”. No porque el peligro haya desaparecido, sino porque Su presencia es más grande que el peligro. El estar quietos no es una retirada; es un acto de fe que dice: “Confío más en Dios que en como me siento”.


El enemigo prospera en medio del ruido; siembra pánico, confusión, desespero y prisa para que olvidemos quién lucha por nosotros. Sin embargo, el mandato de Dios es lo opuesto a la coonfusión: Deja de esforzarte. Estar quietos no es quedarnos sin hacer nada; es ceder el control. Es la postura del corazón que dice: “No tengo que demostrar nada; Dios ya está obrando”. Cuando Jesús durmió durante la tormenta, no ignoraba las olas; descansaba en Su autoridad. Esa misma confianza le pertenece a todo creyente que elige la paz en lugar del pánico.


Así que hoy, en lugar de reaccionar con miedo, haz una pausa. Cuando la ansiedad y el desespero aumenten, o las circunstancias se descontrolen, respira hondo y susurra Su Nombre. Aquieta tu mente, alza la mirada y recuerda Quién sostiene la batalla. En la quietud, encontrarás la victoria esperándote.

Verdad de la Semana:

La quietud no es debilidad, es confianza en acción.

 
 
 

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