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Así ha dicho el Señor…

Actualizado: ene 12

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Ezequiel 37:1-14

Todo el mundo ignora los huesos, porque ya no se puede esperar nada mas de ellos. En algún momento hubo vida y potencial en ellos, pero ya no hay nada más. Para nosotros, lo que está muerto ya no tiene posibilidades, y lo desechamos. No importa lo que esto sea, lo enterramos y continuamos hacia adelante con nuestra vida.



Por eso cuando Dios le preguntó al profeta si vivirían los huesos Ezequiel respondió: “Señor, tú lo sabes.” Sin embargo, para Dios, las cosas lucen de una manera muy distinta. Lo que para nosotros son huesos secos, para Él es un ejército en potencia. Y lo que enterramos en nuestra vida, para Él es una semilla sembrada. En sus manos lo desechado tiene una segunda oportunidad, y aquello que dimos por muerto, tiene una nueva vida.

Con frecuencia, ignoramos nuestra condición espiritual y emocional en la misma manera en que se ignoran los huesos secos. Si no nos gusta lo que vemos, lo cubrimos con tierra y continuamos nuestro camino. No tenemos problema en declarar como el pueblo: “Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, somos del todo destruidos.” (V.11)


No importa lo que haya podido albergar nuestra alma: sueños, esperanza, potencial, planes, promesas o expectativas; si creemos que ha muerto lo enterramos y tratamos de seguir adelante con nuestra “vida” a pesar de sentirnos muertos por dentro. Continuamos con la rutina ignorando nuestro estado porque nada se puede hacer con algo que ya está muerto. Al igual que Marta y María cuando perdieron a Lázaro, incluso cuando Jesús llega decimos: “Lleva muerto cuatro días.” (Juan 11); porque enterramos nuestra esperanza junto con nuestro sueño.

Sin embargo, los planes del Señor no cambian. Y cuando el tiempo es correcto, escuchamos la voz del Señor profetizando a esos mismos huesos que ya habíamos desechado. Entonces un estruendo resuena en nuestra alma conforme los huesos secos de nuestra alma responden al llamado del Señor y comienzan a juntarse uno con otro. Nos preguntamos qué ocurre; pero sólo ocurre que lo que todos, incluso nosotros mismos, ignoramos por falta de vida nunca ha sido olvidado por el Señor.


Cuando ha llegado el tiempo señalado, aquello que fue enterrado para morir debe germinar como semilla y cumplir su propósito. Los sueños rotos se restauran, la esperanza resucita para convertirse en fe, el potencial oculto es revelado, los planes olvidados vuelven a la agenda, las promesas se reafirman y nuestras expectativas deben cambiar. Cuando el Espíritu de Dios sopla aliento de vida en nuestras almas, todo lo que hay allí se debe levantar.

Israel se encontraba en una posición desesperada pues habían pasado por tantas cosas que pensaban que Dios se había olvidado de ellos y los había desechado como pueblo. Por eso había muerto su esperanza, y como consecuencia sus huesos se habían secado; no esperaban ser rescatados de su estado de mortandad. Israel había enterrado su esperanza.


Pero justo en ese momento llegó la Palabra del Señor. Llamándolos su pueblo, indicando que en ningún momento los abandonó y ciertamente no los había desechado. Él se mantenía firme en sus promesas para ellos, seguía siendo su Señor y Dios, y su pacto con ellos era eterno. Sus promesas permanecían sobre sus vidas y había llegado el tiempo del cumplimiento.

No importa lo que hayas enterrado en tu vida porque creas que haya muerto, el Señor es capaz de levantarlo de nuevo y darle nueva vida. No importa lo que estés esperando, no dejes morir tu esperanza, sino deja que Dios la fortalezca y la convierta en fe. Dios es un Dios de pactos y nunca falta a sus promesas, así que sin importar lo que haya pasado aun no es demasiado tarde para Dios.


Esos huesos no están tan secos que Dios no pueda infundirles nueva vida, y tú no estás tan lejos de la misericordia de Dios que no puedas ser alcanzado. Si puedes creer, Él convertirá el valle de tu alma en un jardín rebosante de vida, dará nuevas fuerzas a tus esperanzas, resucitará tus sueños y convertirá el sequedal en fuente de vida para demostrar a todos a tu alrededor que Él es Dios y sus pactos no cambian. Asi ha dicho el Señor.






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